Fog Computing: la niebla que aporta claridad a la nube

Publicado mayo 8, 2018 Varios

La niebla es la nueva frontera de la nube. Este nuevo concepto de “niebla”, que está adquiriendo cada vez más popularidad, surgió de una idea más bien simple. En un mundo en incesante evolución tecnológica, la nube se va acercando cada vez más a la vida diaria de la gente, a los dispositivos tecnológicos que las personas utilizan cada día, incluso fuera del ámbito profesional o institucional. Dispositivos que, a través del mundo de la Internet de las Cosas, conectan objetos alejados entre sí.

Este concepto de “niebla” como paradigma de computación distribuida, omnipresente y cercana al usuario se materializa en infinidad de casos concretos, desde la popularización de los vehículos de conducción autónoma a los sistemas de monitorización remota de pacientes, los drones para entrega a domicilio o la iluminación adaptativa de calles y viviendas.

La metáfora de la niebla como evolución de la nube es muy acertada: como ocurre con la niebla en el mundo real, la nube está descendiendo hasta el nivel donde se encuentran las personas, incluso antes que al de las empresas. Y esa mayor proximidad está aportando una visión más clara y concreta de lo que realmente representan las innovaciones tecnológicas.

El llamado “Fog Computing” es, literalmente, la evolución de esa afortunada metáfora que ha asociado siempre la imagen de una nube a los dispositivos cloud. Pero, al contrario que la niebla de verdad, que dificulta la visibilidad de los objetos materiales, el Fog Computing constituye un cambio positivo en la interpretación del uso de los nuevos dispositivos. Porque la niebla, con todas las innovaciones que comporta, cala de verdad en la realidad cotidiana de las personas.

El Fog Computing es un nuevo paradigma tecnológico que ha permitido a los estudiosos de las tecnologías de la información extender el concepto de la nube hasta la misma periferia de la red, para aprovechar la capacidad computacional de los objetos concretos que desde allí se conectan a esa nube. Pero para que este concepto se materialice en un auténtico complemento de la nube, es necesario que los dispositivos que lo hacen posible se cuenten por millones y estén distribuidos por todas partes. Y eso es precisamente lo que aporta la Internet de las Cosas, una red en la cual los objetos físicos están interconectados virtualmente a través de sensores y proporcionan exactamente lo que esa niebla tecnológica necesita: un conjunto de servidores, conocidos como “edge servers” o “servidores perimetrales”, que puedan aprovecharse para construir esa red.

Investigadores de todo el mundo están trabajando en numerosos e interesantes avances en este ámbito. Por ejemplo, en el departamento de Informática de la Unidad de Pisa, con el proyecto “Through the Fog” coordinado por el profesor Antonio Brogi, los investigadores han profundizado en este nuevo paradigma en el campo de la nube con el desarrollo de dos prototipos de software que contribuirán directamente al progreso de la técnica en el área del Fog Computing: por un lado, “FogTorchPi”, un instrumento para estimar el consumo de recursos de una aplicación, y por otro “IoX”, un sistema multiplataforma de intercambio de mensajes que permite a los dispositivos Fog interactuar con sensores conectados entre sí a través de la Internet de las Cosas. Dos ejemplos concretos en los que esta “niebla” tecnológica aporta claridad a un mundo alumbrado por la innovación tecnológica.

 


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